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Viajar a Oporto con un niño pequeño

Viajar con niños siempre tiene una parte algo arriesgada. Por eso, para nuestra primera salida en familia al extranjero, decidimos repetir una ciudad que ya conocíamos. Nuestro planteamiento fue: mejor ir a un lugar conocido en el que no tengamos que estar pendientes de un itinerario o la necesidad de ver esto o aquello.

Oporto sonaba como la opción perfecta y aunque no quisiéramos atarnos a nada, sí caimos en la tentación de buscar opciones por internet para viajar a Oporto con niños. De todo lo que buscamos, la mayoría de las cosas ya las conocíamos o eran lugares para niños más mayores. Los niños pequeños de 2-3 años tienen necesidades muy específicas, que para nosotros se resume en dos, que puedan correr o que algo los entretenga. Con esa premisa, estos son los planes que mejor nos funcionaron a nosotros en nuestra aventura.

Ir más allá del puente

 

Oporto se ha convertido en una ciudad muy turística, mucho más de lo que recordábamos nosotros. Eso implica mucha gente por todas partes y si tenéis un niño muy curioso, como el nuestro, intentar que se eche la siesta por la calle se convierte en tarea imposible.

Esto, más que una desventaja para nosotros se convirtió en un gran aliado. Descubrimos que paseando más allá del puente de Luis  I, ese en el que se agolpa todo el mundo porque lo diseñó Eiffel, hay un paseo maravilloso muy tranquilo y con vistas estupendas al puente. Un lugar perfecto para desconectar, dormir al pequeño, incluso nada más empezar el paseo, a mano izquierda, tomar algo en uno de los dos bares que frecuentan los lugareños (siempre un buen síntoma).

Aprovechar los mercados callejeros

Los sábados y los domingos no es raro encontrar pequeños mercadillos por el centro. En la calle de la Galería de París (torciendo la esquina de la famosa librería Lello) nos encontramos con uno de artesanía local que estaba muy bien. Además, en esa misma calle, existe la posibilidad de escuchar algo de fado a una hora más que decente para los pequeños, sobre las 18:30 de la tarde.

Tranvía, teleférico, barco y funicular

No sé lo que tienen los niños con los medios de transporte, o por lo menos el nuestro sí. Oporto es perfecto para todos ellos. Ver un tranvía se convirtió más importante que ver a Bono de U2 por la calle. Bajar en funicular, era mejor que estar montados en una nave espacial y un paseo en barco, se convirtió en una hora de paz para nosotros.

Solo una recomendación. Si queréis coger uno de esos barcos turísticos que recorren el Duero, pasad a Gaia e id al final del paseo. Cuando más avancéis menos masificados estarán los barcos.

Reloj animado de las galerías Palladium

No sabemos cómo, a pesar de haber visitado Oporto pocos años antes, no conocíamos este reloj animado. Y parece que todo hijo de vecino lo conocía, porque en las horas punta, la calle de Passos Manuel y aledañas se llenan hasta arriba para ver el espectáculo. Un espectáculo que siendo sinceros, si hubiéramos ido a ver de estar sin niño, pero cómo cambia la cosa cuando hay un pequeño al que entretener. Es algo curioso y las campanas mantienen a los pequeños muy hipnotizados.

¿Y si llueve?

En ese caso, lo mejor es pasar por el post blog de Tokitan porque tiene ideas muy buenas. Nosotros hicimos lo propio y decidimos que el mercado del Bolhao era nuestra mejor opción. Eso sí, ahora mismo el viejo mercado se encuentra en con proceso de construcción, por lo que lo han trasladado a unas galerías a poca distancia.

Aunque no tenga el mismo encanto, sí es un lugar que merece la pena visitar. Los puestos siguen siendo los mismos y han habilitado un espacio donde poder picar esas maravillas portuguesas. Incluso se puede ir a desayunar.

Eso sí, preparaos para que vuestros pequeños salgan sobrealimentados por todas las muestras que les ofrezcan en los diferentes puestos.

Y un capricho para los adultos

No todo será para ellos, nosotros también estamos de vacaciones y además de disfrutar de la ciudad a otro ritmo, nos gusta el buen comer. Para nosotros Portugal es sinónimo de bacalao y en Oporto existe nuestra catedral del bacalao, el Bacalhoeiro.

La primera vez que fuimos nos encantó y esta segunda tampoco ha defraudado. Es uno de esos lugares que sabemos repetiremos una y otra vez si visitamos Oporto. Esta última vez, éramos los únicos turistas no portugueses comiendo allí. Y eso, siempre es una alegría para mí, porque sé que comeré muy bien.

Comentarios (3)

  • Suena bien!! Pero como es de diferente la percepción de cada uno.. una amiga con niño d 6 t 4 en Oporto! M dijo que mal, poco adecuado para niños.. cuestas etc🤷🏻‍♀️🤷🏻‍♀️
    Me alegro q os haya gustado!! Para gustos colores😘

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    • Totalmente. Yo creo que depende mucho de las expectativas y de cómo se vivan los viajes. Es cierto que hay sitios más cómodos (lugares de playa, campings, …), ir a una ciudad extranjera siempre tiene un extra de desafío con niños XD
      En Oporto en concreto está la gracia del tranvía, el funicular, … Que ayuda en el tema de las cuestas y a nuestro pequeño le hacía mucha gracia. Pero además el Uber funciona muy bien y en nuestro caso, tal vez porque el apartamento lo teníamos bastante céntrico, nos salía muy económico. Tan solo lo usamos una vez, pero no está de más saberlo ^^

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