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¿Me das un consejo? Hijo prematuro (extremo)

Así como en el caso de la infertilidad y la esterilidad son las propias mujeres las que me escriben, en el caso de los bebés prematuros suelen ser familiares y amigos. Más que comprensible, porque la madre no está para escribir a nadie, ni para nada que no sea ocuparse de todo lo referente a su bebé.

En esto de los bebés prematuros hay  muchas diferencias también. Dependiendo de la semana en la que haya nacido, las circunstancias varían muchísimo. Cada semana ganada es todo un mundo.

  • Prematuros moderados o tardíos (32 a 37 semanas)
  • Muy prematuros (28 a 32 semanas)
  • Prematuros extremos (menos de 28 semanas)

Nuestro caso fue de 26 semanas, por lo que nuestro hijo fue un prematuro extremo y solo puedo hablar bajo ese escenario y mi caso particular.

Quiero hacer un pequeño inciso aquí. No me siento muy cómoda hablando de detalles de la evolución del niño. Por un lado, porque es su historia y no la mía, pero sobre todo, porque puede dar a lugar a confusiones. No por haber nacido en la misma semana que mi hijo va a tener la misma evolución otro bebé. Cada caso es un mundo y sí, la semana es muy importante, pero además existen particularidades que hacen que los casos puedan ser totalmente distintos. Por eso, voy a enfocarme más en mi vivencia en el hospital hasta que le dieron el alta (porque después del alta es otro nuevo mundo del que también se puede hablar largo y tendido, si queréis que lo haga, decídmelo por favor).

Bueno, vamos allá.

El nacimiento y los primeros días

Para mí, fue de lo más surrealista que he vivido en mi vida. En un caso así, la vida del bebé está en peligro y una vez que nace no existe la posibilidad de hacer piel con piel, ni tan siquiera de verle la carita. Su vida es la prioridad y así debe ser.

¿Esto en qué se traduce? En un momento inicial muy loco donde las hormonas vuelan, estás feliz porque ha nacido, preocupada por si estará bien, con un extractor de leche porque necesita ese oro blanco cuanto antes y tú, en el mejor de los casos, lo has visto en foto. Todo muy surrealista.

Haber tenido dos abortos anteriores un poco avanzados me preparó para verlo y que su aspecto no me supusiera un gran impacto. Pero qué duda cabe que ver a tu hijo entubado, con vías y demás aparatos, tan pequeño, duele.

Esos primeros días yo los recuerdo en una especie de ensoñación. Una sensación de irrealidad muy extraña. Por suerte, ahí estaban los profesionales para asegurar la creación de un buen vínculo entre madre e hijo. He dicho mil veces que la sensibilidad con la que trabaja la unidad de neonatología es excepcional. Cuando una enfermera me dijo que durmiera con una muselina pegada al cuerpo (previamente lavada a más de x grados, que ya no me acuerdo los grados, menos mal) para que mi hijo pudiera olerme dentro de la incubadora, me sentí en casa. Fue tener la confirmación de que más allá del aspecto físico, les importaba el bienestar de mi pequeño.

El sistema de apoyo

El mejor consejo me lo dio mi súper matrona y ángel de la guarda, sin la que no sé qué hubiera hecho. Ella tiene un sobrino que nació con las mismas semanas que Juls. Me aconsejó hacer un único grupo de Whatsapp con amigos y familiares para ir informando por allí.

Mandé el mismo mensaje a todos los grupos que tenía ofreciendo la posibilidad de entrar en ese grupo. Entendiendo perfectamente quien no quisiera estar. De este modo corté de cuajo todo el estrés que suponía contestar uno a uno a todas las preguntas de amigos y familiares. Y no solo eso, ese grupo se convirtió en mi gran pilar. Es uno de los grandísimos tesoros que me llevo, el orgullo de sentir que estoy rodeada de personas increíbles que me sostuvieron como jamás hubiera imaginado.

Por cierto, si vais a conocer por primera vez al bebé en el hospital, sobre todo al inicio, pedid ver una foto. Esas primeras veces pueden ser muy impactantes y los padres necesitamos que el entorno intente mantener la compostura, si no el baile emocional es demasiado intenso. Verlo os ayudará a prepararos para ese momento.

Los profesionales

Médicos, enfermeras, auxiliares y limpiadores, no sé, me quedo cortísima de palabras a la hora de agradecerles todo lo que hicieron por nosotros.

Lo que sí hice en un ejercicio absolutamente consciente fue aprenderme el nombre de todos ellos. Y os prometo que no son pocos (alrededor de 80 me dijeron). De todos los médicos, enfermeras, auxiliares y limpiadores. Ellos eran los que se ocupaban de mi hijo cuando yo estaba y cuando no. Con una dedicación fuera de lo normal. Lo mínimo por mi parte era saberme sus nombres. Y me parece importante porque el vínculo que se crea va más allá de profesional a paciente. Son muchas horas las que pasamos todos allí y todo lo que los padres podamos hacer por facilitar su trabajo y hacerlo más agradable, creo que es nuestro deber hacerlo. Es el mínimo gesto de gratitud.

El bebé es un paciente

Y al hilo de lo último que he dicho, creo que es importante enfatizar que los bebés están ingresados porque son pacientes, no están sanos. Puede parecer una perogrullada, pero os prometo que no lo es tanto.

Como son pequeños, como son bebés, parece que no están enfermos, solo necesitan una incubadora, biberones, engordar (qué obsesión tiene la gente con el peso) y que les cambien el pañal. Pero la realidad es muy distinta y es importante verla. Juls estuvo ingresado casi 4 meses, imaginad un niño de 5 años ingresado casi 4 meses. En un niño mayor en esa misma circunstancia todos damos por sentado que muy bien no puede estar, pero los bebés parece que ni sienten ni padecen.

Muchas veces me dijeron eso de: “chica, vete a casa a descansar. Si allí está muy bien cuidado.” Sé que está muy bien cuidado, pero necesita a su madre. Porque al niño de 5 años no lo dejarías solo demasiado tiempo, verdad? En ese caso la necesidad del niño está clara. Pues bien, en un bebé recién nacido es igual o mayor.

Todo el mundo me dice eso de “qué duro tuvo que ser”. Y para mí no lo fue, en gran parte gracias a mi sistema de apoyo y a los profesionale del hospital. Duro fue para el niño. Él tenía las mascarillas, analíticas, sondas, … Para mí fue agotador. Tanto, que cuando le dieron el alta y llegamos a casa engordé más que en el embarazo jajajaja… Comía exactamente igual, pero el puro relajo de estar en casa, el descanso, es un tesoro inexplicable.

La admiración

Una cosa de la que nadie avisa y creo que casi todas las madres y padres que hemos pasado por esto podemos estar de acuerdo es la admiración que sentimos por nuestros hijos. Supongo que todos los padres admiran a sus hijos de una u otra manera, pero hay cosas que se dan por hecho. Que respiren, que tomen teta o biberón, que empiecen a levantar la cabeza, … Pequeñas cosas por las que nuestros pequeños han tenido que luchar muchísimo.

Yo lo miro y veo cómo su carácter se forjó en esa lucha. A día de hoy lucha para subir por los toboganes de los mayores (no por la parte de la escalera y lo consigue), lucha por conseguir ese juguete que está totalmente hundido en la caja, lucha para que un niño mayor no le quite su juguete (o para quitárselo a él/ella),… Sin enfurruñamientos, con puro esfuerzo innato. Como si supiera que debe esforzarse para conseguir eso que quiere. Y en esos pequeños momentos diarios, recuerdo cómo vino al mundo, cómo peleó por estar aquí y lo admiro. Sin pizca de pena ni lástima.

Comentarios (2)

  • Increíble la historia! Lo d la muselina y el olor d la amatxo… increíble detalle!!! Por lo poco q intuyo d tu vikingo… creo q sois súper afortunados… semana 26… muy crítica!!! Y le veo hecho un txapeldun!!Menos mal q la medicina avanza y puede estar así de bien!!! Y como bien dices… desgraciadamente no todos los casos son tan positivos… 😢 😘

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    • Sí somos afortunados sí, o eso intuyo yo también. Pero la verdad es que no lo sé seguro, porque en el resto de casos, tampoco sé cómo han evolucionado, … Una vez salimos del hospital, aquello lo dejamos atrás. Lo que sí sé es que tenemos una suerte bárbara con la sanidad que tenemos, con sus profesionales y con los avances en medicina. :*

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