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Un viaje desde sur hasta el norte

Este año ha sido nuestra primera escapada larga en familia. Larga tanto en tiempo como en distancia. Nos hemos escapado dos semanas al sur y la verdad es que el viaje me preocupaba un poco. El pequeño vikingo está MUY vikingo y es bastante complicado mantenerlo quieto durante más de 5 minutos. La idea de ir en coche alrededor de 9 horas con él no era algo que me atrajera especialmente.

Por suerte, encontramos una fórmula con la que hacer el viaje mucho más cómodo para todos gracias a mi madre y a mi tía. Ellas bajaron en avión con él y nosotros nos pegamos la pechada en coche (con parada obligatoria en Madrid). Así, tras pasar una semana con ellas en Almuñécar, programamos la subida en coche por etapas que no superasen las 3 horas.

Córdoba

¿A que parece una locura visitar en Córdoba en julio y con un bebé? Probablemente lo es, pero la verdad es que o tuvimos muchísima suerte, o tras todos los comentarios que nos hicieron antes de ir, el infierno no nos lo pareció tanto.

Las claves: no salir para nada del barrio de la judería y encontrar un hotel con piscina. Poner un pie fuera del barrio equivalía a muerte por deflagración.

Con el poco tiempo que pasamos en Córdoba, apenas dos noches, nos dedicamos a callejear, tapear y cómo no, visitar la mezquita. Todo un tópico, pero ¿quién se puede resistir? La belleza de ese lugar es indescriptible y dejar al vikingo “suelto” para que pudiera gatear libremente fue un gusto.

Preguntamos en el hotel dónde deberíamos ir a tomar algo. Nos aconsejaron el Bar Santos. Nada más poner un pie dentro, supimos el porqué de la recomendación. En mi vida he visto, ni veré, una tortilla de patatas de ese tamaño. No es la mejor que he comido, pero sí la más espectacular.

Toledo

Nuestro siguiente destino era uno de esos que teníamos en la lista de pendientes desde hace mucho. Nos dijeron que Toledo es ese lugar por descubrir y sin duda tenían razón. Me apasionan sus calles cobrizas y hay tanto que ver, que puede resultar abrumador. Pero solo por ver la pintura de “El entierro del conde de Orgaz”, el viaje mereció la pena.

Pero, hay algo con lo que no contamos antes de ir (porque somos así de torpes), que probablemente una ciudad empedrada, con cuestas, a unos 38 grados no es la mejor idea cuando tienes que tirar de un carro de bebé. Sin duda es un lugar al que volver y me encantaría seguir descubriendo todos sus rincones, aunque en otra época del año y tal vez cuando el pequeño camine (bien).

Lerma

La última parada tenía un objetivo muy claro, comer lechón. Habíamos estado varias veces en Lerma y no conocíamos demasiado sobre la villa más allá de que existe un parador y que se come un lechón espectacular.

En esta ocasión, aprovechamos para hacer la visita guiada que sale de la casa consistorial. ¡Menudo acierto! La visita cuesta 4€ y nos pareció toda una ganga. Una visita muy bien explicada, entretenida y que sin duda nos hizo ver Lerma con ojos muy distintos.

Si pasáis por allí, además de hacer la visita (100% recomendable, por si no ha quedado claro), hay una curiosidad añadida. Hay dos congregaciones de monjas de clausura. Unas hacen y venden pastas, dulces, … Las otras sin embargo trabajan la cerámica. Merece la pena visitarlo, la tienda es muy curiosa y quién sabe, puede que encontréis algo único para casa. Aunque lo cierto es que el estilo es bastante anticuado. Pero bueno, para gustos colores.

No voy a poner nota a la escapada, pero en general ha estado muy bien. Esto nos da más alas para seguir viajando y quién sabe, tal vez escapar más lejos el año que viene.

Comentarios (2)

  • Seguis admirandome!! Bebe , largas distancias y 40 grados a la sombra!! Combinación horrible!! Pero lo habeis solventado bien.. esta claro q la vida es para los valientes 👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻😀😀😀! A planificar la siguiente escapada!!!
    Pd: se echan d menos más posts!!😅😘😘

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    • Cualquier cosa por no quedarnos en casa jajajaja…
      Yo también lo echo de menos. En cuanto recupere mis dos manos lo retomo, aunque el vikingo está a puntito de caminar y no sé yo…

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