escapadas planes

Semana Santa en Fuente Dé

Esta Semana Santa no la planeé demasiado. Nada propio en mí, aunque creo que se va a convertir en costumbre. Encontré el parador de Fuente Dé a un precio sorprendente y no me lo pensé. No miré qué hacer en el entorno, no indagué lo más mínimo. Y menos mal, porque si lo hubiera hecho, probablemente hubiera cancelado la reserva. El parador está a los pies de los picos de Europa, junto al teleférico, con barios grados menos que el pueblo más cercano y muy apartado de cualquier núcleo urbano.

Supongo que la mayoría de las personas que se alojan allí irán a hacer rutas, pero con el pequeño y con la temperatura que nos hizo, para nosotros ese no era un plan viable.

El hotel está muy bien, con un salón con chimenea para tomar un café tranquilamente,… Con todos los prejuicios del mundo, pensaba que por ese precio tendríamos una habitación minúscula, nada más alejado de la realidad. Me resultó sorprendentemente grande. Pero a pesar de lo cómoda que era, no era lo mejor de la habitación. Nuestra 216 daba a la montaña y no hay fotografía que capture la belleza de las vistas, la inmensidad es imposible de captar. Todos los días unos caballos cruzaban por delante de nuestra ventana y nos quedábamos embobados mirándolos.

Una vez allí subir en el teleférico es casi obligatorio. Digo casi, porque después de hacerlo, recomendaría a personas aprensivas que no lo hicieran. No me suelen impresionar las alturas, pero este teleférico es tremendo. La llegada al pico hizo que me temblaran las piernas. La bajada es menos impresionante, en mi opinión, pero ver la ladera cada vez más cerca sabiendo que hay tantos metros de vacío bajo los pies hizo que en la cabina hubiera muchas risas nerviosas incluso algún grito entre los 20 que íbamos allí.

Además de subir al teleférico, el primer día hicimos casi todo lo que podíamos hacer allí (teniendo en cuenta que íbamos con un bebé). Bajamos a Potes a comer y a conocer el pueblo. El cocido lebaniego da la vida a cualquiera y el pueblo es precioso. Eso sí, lleno hasta arriba de turistas como nosotros. Supongo que cualquier otro fin de semana será más cómodo de visitar.

Es sorprendente cómo es el azar. Año tras año intentamos escapar en busca de nieve y nunca lo conseguimos. Bromeamos diciendo que somos gafes y la verdad es que la broma empezaba a ser muy real. Pero resulta que en pleno mes de marzo (rozando abril), sin quererlo, en nuestra segunda noche, nevó, vaya si nevó. Nos despertamos con un manto increíble, con una capa enorme en el coche y con más emoción del que pueda explicar.

Después de jugar en la nieve e intentar bajar en trineo (sin ningún éxito), bajamos a Santo Toribio de Liébana. No estuvimos muy avispados, porque antes de ir no miramos las horas de apertura. En fin, las vacaciones son también para improvisar y aunque no lo pudimos visitar por dentro, las vistas merecieron la pena y el pequeño patio que sí estaba abierto, también.

Además, ir allí nos ayudó a descubrir un asador en el que comimos muy bien, aunque más rápido que nunca, porque nuestro pequeño vikingo se puso más vikingo que nunca. Un vaso roto, el mantel de papel destrozado, tenedores a modo de baquetas, su tortilla en todas partes menos en su boca (o el plato),… “Es una fase”, es lo que me repetía una y otra vez, es una fase y “no volveré a ver a todos estos que nos miran tan mal”.

Hemos vuelto con las pilas muy cargadas y con muchas ganas de repetir. Es más, Javi dice que quiere intentar hacer alguna ruta la próxima vez que vayamos y eso sí que es toda una novedad. El entorno es tan sobrecogedor que invita a caminar, incluso a negados como nosotros.

Datos de interés

 

Comentarios (4)

  • Q viaje mas chulo!! Yo estuve hace años de jovencuela sin niños!! Y recuerdo ese vertigo del teleférico !! Me llamaba la atención el parador , aunque veo q os gustó.. me dio la sensación de q estaría viejo o poco renovado no se….
    Es una zona desde luego para volver!!!

    Responder
    • Menudo canguele el teleférico, madre madre madre!!! Pero no me hubiera perdonado no subir.
      El parador pensaba que estaría peor, la verdad. El estilo es clásico, pero está muy bien y las vistas son increíbles. Por lo menos las que nos tocaron a nosotros, porque sí vimos alguna habitación que daba al otro lado y la verdad es que no hubiera sido lo mismo.

      Responder
  • ¿Sabes lo que más me gusta de este post? ¡Tu cara de felicidad absoluta en las fotos! 😀

    Responder
    • jajajaja… Estamos viviendo un momento muy dulce (y el plural también va por ti). Que dure!!!

      Responder

Escribir un comentario