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Una escapada al mercado de Les Halles de Biarritz

Al plantearnos las navidades de este año Javi y yo decidimos aparcar las cenas con la familia para el año que viene. Nuestro pequeño vikingo para las 19:00 suele estar más vikingo que nunca y nos pareció lógico no forzar las cosas y ponérnoslo fácil quedándonos en casa.

Una de las “pegas” de cenar en casa los dos es decidir qué cenar. En mi familia el menú está establecido desde hace años, pero en nuestra casa se nos habría un mundo de posibilidades. Por eso, decidimos divertirnos en el proceso.

Reservé una noche de Hotel en Biarritz y nada más terminar de trabajar, hicimos las maletas y marchamos para allí. Por la mañana, tras un desayuno estupendo (que seamos sinceros, es lo mejor de dormir en un hotel) nos acercamos al mercado de Les Halles.

No sé si es todos los sábados pero ese en concreto los alrededores del mercado estaban repletos de pequeños puestos de todo tipo, desde comida hasta ropa de segunda mano.Este mercado es espectacular porque hay cosas muy especiales que no se pueden encontrar fácilmente. El mundo de los quesos es especialmente espectacular.

Para noche buena nos decantamos por un rotí de pato a la naranja. Que el vendedor tuviera un gorro de un pollo a tamaño real en la cabeza no daba mucha confianza, o tal vez sí, el hombre estaba entregado a la causa. Lo cierto es que no queríamos trabajar en exceso, eso es así y la posibilidad de meterlo en el horno y nada más, nos ganó.

El pato ya era muy contundente como para añadirle mucha cosa más. Por eso, decidimos acompañarlo con una ensalada sencilla y un vinagre de tomate y pimiento de Ezpelet que encontramos allí mismo. Los había de diferentes sabores, pero tuve parón por biberón y Javi hizo la elección. Tengo ganas de volver para revisar el resto.

El postre estaba más que claro, la visita a Henriet era obligatoria. Sus eclair son ya antológicos y yo, aunque mire y remire todas las opciones, siempre termino eligiendo la misma tartaleta de limón. No sé para qué miro tanto.

Para noche vieja, supongo que porque estaba más lejos y me sentía más valiente (o inconsciente), me decidí por un soufflé. La culpable fue Federica&Co que esa semana lo hizo en su instagram y en mi cabeza la receta sonó a reto y eso para mí es como un picor que no puedes dejar de rascar. O lo haces o te martiriza. Pues eso.

El mercado tiene unas queserías de desmayo, en algunos casos también por el precio. Compramos un trozo de Gouda trufado que nos costó un triunfo no comer antes de noche vieja.

Las navidades pueden gustar más o menos. En mi caso he navegado por los dos mares durante los últimos años. Pero es cierto que al final, la vida se compone de momentos que nosotros queramos crear. Una escapada a un mercado puede resultar tan o más divertida que la propia cena. O por lo menos a mí me lo parece, porque soy muy fan de todos ellos. A este en concreto sé que volveremos porque no solo nos gustó el mercado, también las calles adyacentes, las tienditas de decoración, …

Comentarios (2)

  • La vida se compone de momentos que nosotros queramos crear. Me quedo con eso, con vuestra Navidad, vuestra felicidad y el pequeño vikingo. ¡Eso sí, ese mostrador de quesos es apetitoso de fotos, sí o sí! muá

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    • Esos quesos son de volverse loca. Soy capaz de olerlos solo recordando. Qué grandes son los mercados.

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