personal

Los mejores recuerdos del 2017

Se acabó, ahora sí que todo suena a cierre de año y a nuevo comienzo, a nuevas incógnitas que nos deparará el 2018.

Mi 2017 ha sido muy extraño. La primera mitad fue como si la vida se hubiera parado de golpe. En el hospital un día es igual que el siguiente, no importa si llueve o hace sol, no hay nada que indique que es un día distinto y parece que nada pasa, aunque pase de todo.

Tengo la necesidad visceral de hacer repaso y poner en valor este año, porque aunque haya tenido cosas muy malas (y por eso también lo recordaré siempre), sé que ha habido cosas increíblemente buenas. Necesito verlas todas juntas y sentir que a pesar de lo malo, también ha habido mucho bueno.

Coger en brazos por primera vez a mi hijo

10 de marzo, ese fue el día en el que pude coger en brazos por primera vez a este pequeño luchador. Hasta entonces tan solo podíamos tocarlo a través de la ventana de la incubadora. Muy despacio, muy suave, con la sensación de estar tocando algo tan frágil que la mínima presión podía dañarlo.

Me acuerdo de las caras de los que estaban allí, de su emoción, de cómo me sacaban fotos (no ésta, ésta es de más adelante porque la del primer día me resultaba muy dura) y de que me preguntaban “¿estás nerviosa?”. Estaba muy tranquila y no entendía muy bien la pregunta. Bendita ignorancia, en aquel momento no entendía lo que implicaba sacarlo de la incubadora.

Me acuerdo también que lo intentaba oler y que me resultó muy frustrante no poder verle la cara en esa posición. Aunque tampoco hubiera visto mucho, porque la tenía llena de tubos y cables. Pero sobre todo, me acuerdo de la alegría de tenerlo, de sentir su peso, por poco que fuera, de que existiera.

El día que salimos del hospital

Esta foto tiene una carga emocional que no puedo describir. Llevábamos una semana en aislamiento por un traspiés de último minuto. Esa noche no pude dormir del nerviosismo. Lo tenía todo preparado y el móvil ardía con los mensajes de todo nuestro clan.

Llegué al hospital con el carro, con la ropita y con los nervios a flor de piel. Cuando entré en el box, las enfermeras y auxiliares del turno de noche nos volvieron a sorprender una vez más.  Nos hicieron un mural que decía “Juls txapeldun” (Juls campeón) en la pared. No de cualquier manera, recortaron y pintaron cada letra y decoraron la pared con mariposas de papel. Lloré, lloré y lloré (sigo llorando cuando me acuerdo). No solo porque nos íbamos a casa, también porque nos despedíamos de personas excepcionales que habían formado parte de nuestras vidas durante casi 4 meses. Personas a las que debemos más de lo que ningún gracias pueda agradecer jamás lo suficiente. Y un cariño que persistirá de por vida.

Nuestra primera escapada como familia

Una noche, tan solo fuimos para una noche y menos mal. Menudo desastre de escapada. Eso sí, las carcajadas que ha generado nuestra metedura de pata lo compensan todo.

Estos padres novatos estaban tan ocupados y ofuscados en tenerlo todo todo (medicación, pañales, carro, biberones, ropa, …) que en pleno zafarrancho, nos olvidamos la maleta en casa. ¡Bien por nosotros! ¿Lo mejor? Que no nos dimos cuenta hasta llegar a destino. Aplausos, aplausos.

Allí estábamos nosotros, sin leche para el niño, sin pañales, en un día festivo, … Llamé a todas las farmacias de guardia a kilómetros a la redonda mientras el señor del hotel me decía que tenía leche de avena y que los celíacos la tomaban (surrealista a más no poder). Esa compra en la farmacia fue antológica. La farmacéutica terminó dándome muestras de jabón, cremas para el culo, … Para colmo, al día siguiente se nos ocurrió ir a Santilla de Mar, lloviendo, con nuestra ropa de abrigo en la maleta (de casa). Todavía me río recordando las cuestas empedradas y a Javi tirando del carro, muerto de frío, mientras el pobre niño botaba en el carro.

En fin, aprendimos varias lecciones. ¿Pero y lo que nos reímos ahora?

Las vacaciones soñadas

Y tanto que fueron soñadas. No sé si fue cuando ingresé en el hospital o fue un poco antes. En algún momento del embarazo mi tía me preguntó si nos apetecía ir en verano a su casa de las Landas. Quedaba medio año aproximadamente, pero mi respuesta fue rápida y rotunda. ¡Por supuesto que sí!

Desde que me lo dijo soñé con esas vacaciones cada uno de los días que estuve en el hospital. Mi mente volaba allí mientras estaba de reposo y la mera visualización de esas vacaciones me relajaba y evadía. En momentos tensos durante el ingreso del niño, es allí donde visualizaba a nuestra familia, sana, en plena serenidad.

Por eso, a pesar de haber estado muchas veces allí, pisar la casa, olerla, … Fue como redescubrir un espacio que ya conocía. Tenía tantas ganas de que llegara ese momento que cuando llegó me aferré a cada minuto.  Nunca he vivido de manera tan presente como durante esos días. Fui plenamente consciente de la suerte que tenía de poder estar allí, de que los tres estuviéramos.

Como tarea para mi misma, tengo que volver más veces a esta foto y recordar esa sensación de gratitud.

Ver nevar desde casa

En algunas cosas soy muy tonta, qué le vamos a hacer, soy así. Y ver nevar despierta a la niña que hay en mí. Mucho. Muchísimo. Algo aparentemente tan tonto (aunque para mí no lo es) me hace inmensamente feliz.

Cuando aquella mañana desperté y vi en el móvil que mi hermana me había mandado un mensaje diciendo: nieva! Corrí a abrir las persianas y aaaahhhhh!!!! ¿Recordáis la sensación de la mañana de navidad cuando erais pequeños? Yo siento exactamente la misma emoción al ver nevar. Siempre. Sin excepción. Y espero que me siga pasando toda la vida. Lo que daría ahora mismo por estar en algún lugar viendo nevar.

Mercado de Biarritz

Pronto os hablaré de esta escapada con mayor detalle porque es la mejor idea que he tenido este 2017. Ha sido nuestra última escapada del año.

A nosotros nos encanta salir de casa, aunque sea para una sola noche, como ha sido esta vez. Pero si además, es para descubrir un mercado en una zona de Biarritz que no conocíamos, ¿qué más se podemos pedir?

Además, tenemos la suerte de que el vikingo se adapta a todo. Ahora que empieza a estar más despierto, que la cosa podría ser más complicada, él nos lo pone muy fácil. Llevamos una trona portátil y aguanta perfectamente en ella mientras desayunamos, comemos, … Sabemos perfectamente que no somos nosotros los que lo estamos educando bien, hemos tenido la gran suerte de que haya venido así de serie (por ahora).

Comentarios (2)

  • Pelos de punta con esa salida del hospital!! La crianza de un hijo es muy dura… y siendo un gran prematuro más obstáculos que superar!! Mira q sois valientes ( y no solo Juls).
    Y ya m flipa lo q las escapadas… y esa maleta olvidada.. Q estres solo de pensarlo!!!
    Por un 2018 lleno de salud y más salud!!! Si hay salud, podemos con todo lo q nos echen😘😘😘😘

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    • Aunque parezca mentira, todo lo que sucedió antes de su nacimiento fue lo duro. Lo que vino después fue agotador, pero más “llevable” porque por fin lo podía ver, tocar, …
      Cuánta razón, con salud podemos con todo. Mucha salud!

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