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Brunch en el Ambigú

Una de las cosas que más me gustaban en Madrid eran los domingos de brunch. Supongo que por tener la excusa de poder levantarnos tarde e ir a desayunar a las tantas sin ningún remordimiento.

Hace poco descubrí el Ambigú, un tesorito escondido en el centro de Donosti donde disfruté como una loca. Es un lugar muy acogedor, lleno de detalles como flores frescas en cada una de las mesitas. Detalles que arropan y muestran el cariño por las cosas bien hechas.

Una vez escuché preguntar a un cocinero (no me acuerdo quién era) qué prueba haría a un nuevo cocinero para contratarlo. Me acuerdo, porque me sorprendió que su respuesta “hacer croquetas”. Explicó que se pueden hacer rápido o se pueden hacer bien y cómo en algo tan sencillo como unas croquetas se podía ver el mimo por la cocina que tiene el cocinero. Según me metí a la boca la croqueta del Ambigú, me acordé de esta anécdota. Esa masa pronosticaba que íbamos a comer muy muy bien.

Tras las croquetas, vino la ensalada de frutas y con otro detalle que me encantó. Todos sabemos que si la manzana está preparada con tiempo, se pone fea. Da gusto ver la manzana tan bien cortada y sin un ápice de oxidación. Alguien se había preocupado por hacerlo en el momento, por hacer las cosas bien de verdad.

El salmorejo fue para mí uno de los puntos álgidos del brunch. Qué pena no haber sacado una foto a cómo quedaron los platos después, porque esa imagen hubiera valido mucho más que cualquier cosa que yo pueda explicar. Rebañamos hasta la última gota y me hubiera llevado al cocinero a casa, para siempre, secuestrado.

Los huevos benedictine son una de mis perdiciones. Hasta ir a Madrid jamás los había comido antes y jamás volví a probarlos. Supongo que por eso quedaron en mi memoria como un eterno amor platónico. En algún momento ojeé la receta, pero hacerlos tiene lo suyo y jamás me he atrevido. Cuando salió el plato, casi hice la ola. Estaba espectacular, con ese pan de cristal crujientito,…

Y para rematar la faena, café con dos tartas, uno de chocolate y otro de zanahoria. Todo casero, todo buenísimo. Qué locura. Esto sí es un brunch en condiciones.

Si esta es la cocina del Ambigú, quiero probar a comer o cenar allí  más veces. Además, es un lugar fácil para ir a cenar con amigos. Creo que lo voy a proponer para la próxima quedada.

Comentarios (2)

  • Pero pero peroooooooooooooooooo madre mía, babeo y aún no he hecho ni la digestión de lo que he comido. Anotado también, of course!!! muá!!!

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    • Estaba de bueno todo… Yo también babeo y no debería a estas horas XD

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